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El espíritu rebelde

A la memoria del profesor Galeano con el dolor de la Digna Rabia.[1]

Porque la lucha es colectiva, pero la decisión de luchar es individual,personal, íntima, como lo es la de seguir o claudicar.
Porque la rebeldía,amigos y enemigos, cuando es individual es bella […]
Pero cuando es colectiva y organizada es terrible y maravillosa.
La primera es materia de biografías, la segunda es la que hace historia.[2]
(El SubMarcos, “CUANDO LOS MUERTOS CALLAN EN VOZ ALTA. (Rebobinar 1)”
[…] el héroe sería, originalmente, aquel que siendo el primero “osó”
rebelarse contra la tiranía paternal,
y quien logró convencer a los otros de unírsele y seguirlo para derrocar al tirano […]
Roger Dadoun[2]
“La Escuelita Zapatista” es expresión y conquista de la Digna Rabia,
no es una propuesta romántica, es semilla de rebeldía, praxis de lucha y compromiso para detener las agresiones filicidas camufladas en el fratricidio.

“Yo me rebelo, por lo tanto nosotros somos” (Je me révolte donc nous sommes), señaló Albert Camus en su libro El hombre rebelde. La rebeldía, como la utopía, es inherente al quehacer de un ser humano que perteneciendo al mundo animal, tiene que conquistar, permanentemente, desde su cuerpo-mundo y con él, su erotismo. George Bataille[3] desde la antropología, Géza Róheim[4] desde la antropología psicoanalítica y Roger Dadoun[5] desde la literatura, el psicoanálisis político y la filosofía estudiaron que ese camino se construye entre la trasgresión y la norma.
La prohibición de la trasgresión es una línea muy delgada que separa al ser humano de la violencia animal, dando origen a la ética: no al incesto, ni al filicidio, fratricidio o parricidio, y tampoco al canibalismo. Pero esas prohibiciones, heredadas de las culturas primitivas, convertidas en normas –leyes, moral– son un dique “frágil”, porque siendo el ser humano un ser trasgresor y violento, tiene la capacidad de revertir la ética, de hacer de la prohibición su ley para consolidar su necesidad de poder, como control violento, para someter al otro/a.
La relación entre trasgresión y la norma puede ser dualista o dialéctica, y constituye la esencia del erotismo en donde se confrontan Eros y Tánatos. El erotismo distingue al ser humano del animal. Es fuerza de vida como pasión, seducción, sueños, utopías y luchas ─Eros─ que debe imponerse constantemente contra la fuerza de muerte ─Tánatos─, que es regresión a lo inanimado, destrucción, violencia, sangre, recuerdo de su ser animal.
El erotismo de Eros no está dado; el ser humano tiene que emprender su conquista como utopía en permanente construcción. Pero nuestra esencia animal, como poder de trasgresión, estará siempre impidiendo, poniendo también diques violentos para controlar, impedir y desviar el erotismo de Eros y su utopía.
Entonces, ¿quién y cómo, contra qué y quien, por lo tanto a favor de qué y de quien, se hace de la prohibición una norma o ley? ¿A quiénes, a quién, se le otorga ese poder? ¿A qué tipo de autoridad, de Jefe? Y ¿por qué aceptamos que esas normas se impongan con la violencia? Para detenerla, ¿qué tipo, cuál norma? En la historia de la cultura, dice Freud, fue necesario que se unieran las mayorías para imponerse con violencia –el derecho es violencia– contra los menos dispuestos a cada momento a la trasgresión.
Actualmente, con el modelo capitalista de globalización neoliberal son los menos, los dueños del dinero, quienes imponen a las mayorías su ley, que convierte al ser humano y la naturaleza en mercancía desechable, en cosa. Es un modelo filicida y fratricida.
La rebeldía como defensa y origen de la justicia[6]es también una transgresión a la norma cuando ésta es injusta, manipulada perversamente por el Poder del más fuerte y/o de quienes lograron apoderarse de la norma como trasgresión a la misma, según sus intereses, siempre cargados hacia Tánatos, del gozo de la crueldad.
En este contexto, ¿cómo acercarnos a una lectura de la rebeldía estudiantil, en especial, en espacio universitario?
Siempre he aprendido a pensar mi praxis, a no quedarme ni en la acción sin teoría ni en la teoría sin práctica. Por ello, no quiero olvidar, por eso pongo llave a toda crueldad que se quiere hacer alzhéimer. La masacre de estudiantes en el 1968 mexicano fue, de alguna forma, mi muerte anunciada –la posible muerte de la rebeldía– al lado de quienes en mi patria, Colombia, fuimos castigados no con el asesinato real -como lo fue en México-, sino con la expulsión de las universidades por osar transgredir las normas autoritarias de la universidad, reflejo de las sociopolíticas. Sin embargo, igual que en las revueltas estudiantiles emanadas del 68 francés, nuestra rebeldía se hizo pronunciamiento y rompió las cadenas de la cultura del silencio.
La crueldad del asesinato, real o simbólico, de quienes participaron en el movimiento estudiantil del 68, o sea, del filicidio de la juventud, es una herida que nunca sanará, será siempre memoria histórica emocional, cultural y sociopolítica. Y estudiar, observar, sumirnos en ese sufrimiento como crueldad filicida, conduce a prepararnos para mejor entender la condición humana de indefensión entre la trasgresión y la norma.
Estar indefenso/a es estar a merced, expuesto a los deseos, la voluntad de otros/as, a quienes tienen poder sobre nosotros/as, a quien logró hacerse de ese Poder. Pero si ese otro desea mi muerte, busca el silencio de la rebeldía como fuerza contra la transgresión filicida, ¿qué hacer?
Róheim nos narra, con su investigación de antropología psicoanalítica, que en la Horda Primitiva el hijo decide rebelarse, posiblemente gracias al apoyo de su madre, contra el Poder absoluto (sexual, autoritario, organizativo) del padre de esa Horda Originaria. Y posiblemente un héroe anónimo junta a sus hermanos para defenderse del filicidio del Padre. Sin embargo, cuenta la historia de leyendas y realidades antropológicas, que participar en la muerte del padre fue al mismo tiempo una condena a vivir ese asesinato con sentimiento de culpa: el padre es y era bueno y malo, ese dualismo que recrea ese sentimiento de culpa, esencialmente inconsciente.
La política, el político, nos demuestra Roger Dadoun,[7] es expresión de la pulsión de muerte, del erotismo de Tánatos. Matar y asesinar siempre será manifestación de la conducta animal que se hizo conducta psicopática, dice Fernando Martínez: quien tiene ese monopolio, el Jefe, Padre filicida, logra imponer la trasgresión. El Padre, como Jefe, no quiere tener conciencia alguna de su acto filicida. Al hijo se le trampea la realidad y, a su respuesta parricida como defensa al filicidio, se le castiga: su rebeldía será siempre una traición parricida, no defensa al filicidio.
¿Cómo entender y estudiar el filicidio-parricidio hecho sentimiento de culpa? ¿Por qué la rebeldía se refugia en la cultura del silencio?
La religión cristiana en particular, como expresión cultural -no como fuerza de fe y esperanza del creyente comprometido en pronunciar el mundo con los/as condenados de la tierra-, nos recuerda el acto parricida del hijo, no el acto filicida de Dios. Las creyentes, sin embargo, continuamente tendrán que aceptar su culpa ontogenética y filogenética, que es la que el poder de trasgresión impone como castigo a su traición.
En la Facultad de Filosofía y Letras (ffyl) participé, por invitación de estudiantes, en la lectura de la huelga del 1999─2000, “Taller autogestivo Paulo Freire”,[8] donde pude observar, trabajar y entender mejor el significado de filicidio. En esos años, nuestra Facultad en particular, y la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) en general vivió, como siempre, una cultura del silencio latente. Quienes son Autoridad y Jefe saben de esa rebeldía latente.
Estudié un acontecimiento esencial, el ¡Ya Basta! Del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (ezln) convertido en grito rebelde contra el filicidio de la Autoridad Autoritaria, que llamaba a la organización parricida. Fue la única opción guerrera que dejó de serlo y pasó a la acción política por mandato de la sociedad. En los laberintos del poder del Jefe, fue necesario ejercer toda su perversión para saber hasta dónde ese grito estaba permeando la sociedad, sabiendo que la universidad es un buen termómetro social.
Muy fácil les pareció tocar en el hijo rebelde las entrañas de la madre, del Alma Mater, para buscar privatizarla la unam aduciendo los beneficios para la juventud de una educación mercantil inherente al modelo de globalización neoliberal. Tocar esas entrañas utilizando la racionalización de la trasgresión impuesta por la mercantilización, ridiculizando las cuotas que pagan estudiantes de la unam, fue un buen anzuelo para unir a la sociedad en contra del estudiante rebelde. Las cuotas son, sin embargo, una conquista ante la trasgresión capitalista.
Por ello, los/as hijos/as rebeldes salieron en defensa del Alma Mater, lucharon y ganaron ese derecho, a pesar de sus errores, como justicia para quienes vendrían después de ellos/as (se les decía que no era la intención afectarlos/as, que las reformas eran para quienes vendrían después). Pero, además, otro ingrediente estuvo presente: existía un tal Subcomandante Insurgente Marcos, y era necesario castigar la traición y escarmentar cualquier otro intento de rebeldía “filosófica”.
Con la colaboración de Fernando Martínez Salazar, médico psiquiatra y psicoanalista didacta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, comprobamos que la huelga fue un acto filicida; en el 68 se asesinó al hijo rebelde, en el 1999-2000 fue necesario asesinar simbólicamente su rebeldía. Mi formación con Fernando, en el estudio del psicoanálisis sociopolítico –no el clínico, aunque me preparé a conocer su diferencia–, me permitió volver a los orígenes de mi investigación en ese campo (con Erich Fromm, Wilhelm Reich, Carl Gustav Young, además de Herbert Marcuse entre otros) y continuar estudiando por qué la neurosis es social.
Stefan Swieg señaló que la curación que logra el psicoanálisis clínico de unos centenares de neuróticos cada año es un detalle secundario de esa disciplina. Es la sociedad quien produce, impone y alienta la neurosis, como bien lo comprobó Róheim mostrando que nuestra cultura infantil –agregaría filicida– no permite que el infante crezca porque es la misma neurosis de padres y madres la encargada de educar su crecimiento.
La neurosis es producida socialmente e impuesta cruelmente en el filicidio y fratricidio moderno. La Horda Primitiva Moderna del capitalismo de guerra es la “cura” recetada contra la trasgresión de los/as de abajo. Y la neurosis es expresión reprimida, castigada y controlada del erotismo de Eros.
El acto filicida de 1999─2000 se convirtió en fratricidio inducido por el Jefe como Autoridad filicida que invitó a ir al rescate de una universidad secuestrada: los rebeldes no luchaban y denunciaban la trasgresión filicida, sino que eran una especie “rara” de pre delincuentes o narco estudiantes (lapsus de quienes son poder político). En nuestro estudio observamos cómo otro poder, el de los medios de información de paga (que nombramos Medios de desinformación y control del pensamiento), consolidó tanto una conducta psicopática como un ataque al pensamiento para confundir e inmovilizar a la sociedad.
Fue y es necesario impedir cueste lo que cueste, que la sociedad saliera (y salga) en defensa del hijo rebelde, pues su mensaje filicida es que no puede defenderse ese tipo de rebeldía. Por ello, la estrategia fue –y es– romper el tejido entre la sociedad y las estudiantes (que es la estrategia aplicada, con el apoyo además de los partidos políticos, en contra del ezln).
La ética zapatista es de no a la eliminación del hermano, pero la del poder filicida es la del enfrentamiento fratricida.
Agradezco que me permitan compartir el por qué la rebeldía guarda silencio, atrapada en la cultura del silencio, pero viva, convertida en Digna Rabia, hecha lucha de resistencia y organización en las comunidades zapatistas. Una cultura del silencio que camina la dirección colectiva con la responsabilidad individual, más allá del héroe individual.
[1]“Lo que sucedió con el compañero Galeano es estremecedor: él no cayó en la emboscada, lo rodearon 15 o 20 paramilitares […] Tres tiros a mansalva recibió. Y los 3 cuando estaba rodeado, desarmado y sin rendirse. Su cuerpo fue arrastrado por sus asesinos como unos 80 metros y lo dejaron botado. Quedó solo el compañero Galeano. Su cuerpo tirado en mitad de lo que antes fue territorio de los campamentistas, hombres y mujeres de todo el mundo que llegaban al llamado ‘campamento de paz’ en La Realidad”. Y fueron las compañeras, las mujeres zapatistas de La Realidad quienes desafiaron el miedo y fueron a levantar el cuerpo. Subcomandante Insurgente Marcos, “El dolor y la rabia”, México, Mayo del 2014. En el año 20 del inicio de la guerra contra el olvido

FUENTE: DESINFORMÉMONOS
LINK: http://desinformemonos.org/2014/05/el-espiritu-rebelde-y-el-votan-galeano/print/

 

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